jueves, 21 de septiembre de 2017

Confesiones de un autor

«Los domingos me provocan la misma desconfianza que las chicas con tacones de aguja». Quien lo dice suele vestir arrugado, fuma como en otro tiempo y arrastra en su rostro un cansancio que nació con él. De normal, por su oscuro trabajo va igual de armado que un cielo otoñal preñado de nubes. Lo imagino esquivo, aunque honrado, y sensible, aunque parco. Lo imagino también con el alma llena de muescas y la memoria embarrada en carmín.
Mi personaje ha amanecido con una mujer en su cama. Hace poco más de una semana que la conoce y anoche fue la primera que pasaron juntos. A ella se le nota feliz y, por su semblante sereno, se diría que parece dispuesta a correr el riesgo de seguir conociéndole. Aún no he decidido cómo va a responder él cuando unos pocos párrafos después ella se ofrezca para amarle. 
—Tenemos todo un día por delante. Podríamos desayunar e irnos a pasear un rato por la playa; comer en un chiringuito y luego echar una siesta. Me encantan los domingos. ¿Y a ti pregunta ella con una sonrisa cómplice y juguetona emergiendo de debajo de las sabanas.
—Los domingos me provocan la misma desconfianza que las chicas con tacones de aguja —responde él sin dejar de mirar el techo del dormitorio. Un tanto ausente. 
El cuento avanza lento. Estoy perezoso y aún no he desayunado.

viernes, 7 de julio de 2017

Yo, sin ti, en la playa

El sol aprieta tanto que, para poder soportarlo, me obligo a soñar con Groenlandia.
Abro los ojos.
Como a quince metros de distancia de mi sudor, una chica se incorpora hasta ponerse de rodillas en su toalla. No tendrá más de veinte años. Vientre liso. Pecho discreto y firme. Desde ese equilibrio, se atusa el cabello y se humedece los labios con la lengua, en un inocente gesto no exento de accidental erotismo. Su melena es del color de su biquini. O viceversa. De soslayo, observo como la miran también los cuatro chicos que quedan a mi izquierda y que, hasta que ella se ha levantado, subrayaban su masculinidad dándole patadas a una pelota. Ahora mascullan barbaridades entre ellos. En ese momento pasa un avión sin dejar apenas marcada su estela, con lo que me gustan a mí las estelas de los aviones como metáfora nostálgica y, en la orilla, unos niños estallan de alegría porque su madre les echa agua de un cubo de plástico. 
Vuelvo a cerrar los ojos. 
Hace tanto calor que, cuando te recuerdo, lo hago imaginándome tu piel como el cristal de un botellín de cerveza fría, fría, fría... Congelada.


jueves, 18 de mayo de 2017

Domingos ariscos

De pequeña era blanca como la nieve, como el merengue, la ausencia o la paz. Era blanca como las sábanas de los anuncios de detergentes o los dientes nacarados de las modelos. Pero antes de cumplir su primer año -las fotos que le he ido haciendo lo atestiguan- mudó el pelaje y, desde la cola a la testuz, todo su lomo o lo que vendría siendo toda su cornisa, se le volvió parda, o más bien tostada, de un cálido color capuccino que se derrama perdiendo intensidad por sus flancos. Las cañas de sus patas traseras también se le tornaron brunas, pero no así sus pies, propiamente dichos, que siempre han sido albos los cuatro. Hoy sus ojos, que son bellos y azules, como los de Marilyn, sobresalen entre un atractivo antifaz de tono carmelita, que le confiere un moderno toque de heroína de cómic. 
Zac, mi gata, ha cambiado con el tiempo. Mis domingos, no.


jueves, 13 de abril de 2017

Pasión

Hay algo hermoso en esta fotografía que hice el otro día en plena aorta de aquel pueblo de Cádiz. Y no son los claveles; reventones, primaverales, paradigmáticos. Ni tampoco los colores inflamados del ocre de los tiestos, del jugoso glauco de las hojas o del azul eléctrico del viejo batín. Ni siquiera se trata de la sonrisa, espontánea y benigna, de la señora Ana. Hablo del instante y su recuerdo, del mismo click, de la brisa calurosa, del bullicio del momento, de la estrechez de esa calle a la que llaman cuesta de Belén y que desemboca en una angosta plaza donde se alza una majestuosa iglesia. Me refiero, por tanto, a algo que no podéis ver porque es invisible, y que discute la máxima de que la imagen vale más que mil palabras.


jueves, 23 de marzo de 2017

Viajo a Valencia

Un nuevo libro, su publicación, tiene mucho de viaje y el título de mi novela ya habla, siquiera de forma metafórica, de ello.
Y como viajar también es desplazarse, deciros que la próxima presentación de UN VIAJE SOLO PARA HOMBRES, la del próximo día 1 de abril, me llevará a Valencia.



viernes, 3 de febrero de 2017

UN VIAJE SOLO PARA HOMBRES

Este fin de semana sale al mercado la novela que me ha publicado la Editorial Versatil.
Confieso que, después de tres años, me resulta agradable volver de nuevo 'a la carretera', con esta novela, que llega tras mis anteriores libros de relatos breves.
Espero que os guste.


jueves, 12 de enero de 2017

Confesiones

El nido que forma su cuerpo cuando duerme hecha un ovillo. El imán con el rostro de Marilyn de mi nevera. El suave deslizar del cajón de los cubiertos al abrirse y la reflexión esmeralda de los azulejos de la cocina.
Me gusta también el primer maullido de mi gata al saludarme, porque suena muy delicado, muy de amante sincera. Y el silencio de las nueve en punto de cualquier día de fiesta, tanto como las fanfarrias wagnerianas de las oberturas de John Williams. Me gusta el eficaz arranque del libro que ha escrito un amigo: «Llegué a Siena de noche, a finales de un cálido septiembre,...», y la sonrisa ausente en los cuadros de Hopper. Me gusta la belleza de las pequeñas cosas, incluso si se dan en domingo.


jueves, 22 de diciembre de 2016

Campanas de Belén

Desde mi despacho escucho el lento toque de clamor de unas campanas cercanas. Mientras el día se desangra, empañando gota a gota mi ventana, pienso en lo malo que ha de ser que te entierren en día de lluvia, con toda esa arena mojada adhiriéndosete viscosa como el último recuerdo que en vida tuviste; que igual fue bueno, de aquella vieja Navidad en compañía de los tuyos, antes de que te encontrases solo. Me asomo y, en picado, desde este cuarto piso, veo toldos de paraguas, con sus conteras enhiestas como crucifijos, engalanando vanamente con sus colores el gris general de la mañana. En ese momento enmudece el tañido nostálgico. Los dos toques breves finales, anuncian que el finado es un hombre.

jueves, 22 de septiembre de 2016

Suceso amoroso y/o paranormal.

El cielo se incendió, las aguas del mar dejaron de espumar y los mirlos callaron abruptamente. Como el resto del vecindario yo también bajé asustado a la calle, en respuesta a tan extraordinario episodio. Aunque los más solo se mostraban perplejos, algunos pocos, abiertamente asustados, se cogían de la mano y anunciaban plegarias entre murmullos. Se adivinaba miedo en sus rostros. Hubo incluso quienes sufrieron vahídos y todos se encomendaron, de alguna u otra forma, a potencias superiores. Yo, por mi parte, me mantuve sereno. Y con aire de entomólogo, me dediqué a curiosear entre la histeria colectiva. Claro está que era el único que conocía que, como la causa del fenómeno traía exclusiva razón en tu ausencia, todo se reconduciría cuando regresaras a casa después del trabajo.
Ocurrió hace unos días.


jueves, 25 de agosto de 2016

Agosto andaluz

Me asomo a la ventana acercándome a ella despacio, superando la línea de sombra fresca del interior con la cautela del prudente, con esa cuita con la que lo haría un vampiro con miedo a dañarse. Porque el fulgor que entra asusta y todo reluce saturado. 
La loma de enfrente, con su corona pelada, sus antenas repetidoras agujereándola y sus casas tan blancas en su falda, está repletita de sol; llena hasta los topes de un sol crujiente de chicharras incansables en su perenne protesta. Es tanto el sol, tan luminoso y elevado, que nada vivo se advierte rozando el mediodía; no sé si aquí los niños juegan, si no son de atrezo los árboles o si habrá aves que vuelen. Las palabras, por ejemplo, también las amorosas, se derriten antes incluso de ser pronunciadas, en esa fase prima del pensamiento. Hiere tanto el sol, y tan pronto, que en estas latitudes no hay mejor plan que soñar con atardeceres.


jueves, 21 de julio de 2016

Ejercicio de autoestima

Alguien les habló de la efeméride y los Smiths, en claro homenaje a mi persona, se esperaron a publicar "The Queen is dead", sin duda su mejor trabajo y la más deslumbrante aportación al pop en los últimos tres decenios, al 16 de junio de aquel año, la víspera de mi mayoría de edad. Fue un regalo hermoso e inesperado, que mi familia agradeció sobremanera, pero que... 

jueves, 9 de junio de 2016

Escena de caza

Mi padre fue cazador hasta que dejó de serlo. Un día, calculo yo que sobre mis catorce, dijo que ya no volvía a matar un pajarillo ¿y liebres? -tampoco, dijo- y así fue; a la mañana siguiente le vendió la escopeta a un tipo al que en el pueblo todos conocían por Ventura. 
A mí me... 

jueves, 17 de marzo de 2016

De extraños seres

En esa ensenada apacible en la que las olas, apenas agitadas en su superficie, vienen a desvaírse mansamente sobre una capa de arena sembrada de pequeñas conchas, se cuenta que, hace ya... 


jueves, 11 de febrero de 2016

Fue en un hotel con vistas

Carolina ha llegado en el tren de las doce y cuarto. Ha sido entrar en casa y, sin preámbulos, se han empujado hasta caer en la cama y han hecho el amor sobre las sábanas estampadas de coquetas rosas rojas. Dice Carolina que estas sábanas le gustan porque son muy poperas, y Jorge, creyendo que con este gesto ya es suficiente para agasajarla, se acuerda y se las pone los fines de semana que ella viene. Hacía doce días que no se veían. Se llaman todas las noches antes de acostarse pero sólo se ven cada dos fines de semana por culpa de la distancia que les separa, por culpa del trabajo de ella y por culpa, sobre todo, del poco interés que Jorge tiene por hacer que las cosas evolucionen. Hace ya más de un año que forman un pareja un tanto atípica. El primer beso que se dieron fue hermoso y mentiroso al mismo tiempo. De él, a ella le gustó su porte solvente y su arisca masculinidad. De ella, a él, sus curvas y su cabello. Y sus ojos. Básicamente. Aquella noche, la primera del primer fin de semana de todos los que llevan compartidos hasta la fecha, se mezclaron en la cama de un hotel con vistas a la playa. La segunda noche, la del sábado, ella ya la pasó en casa de Jorge. (...)

Extracto de mi novela, "Un viaje solo parta hombres"

jueves, 26 de noviembre de 2015

Luz cegadora

Acaricia los contornos de las cosas con la timidez con la que camina un exiliado: el bote del azúcar, la cafetera, la superficie de la vitrocerámica; como si todos esos objetos no fueran suyos y temiese romperlos.
Son las nueve de la mañana,...