jueves, 23 de julio de 2015

La vida es sueño


El sueño duró mil jueves. No es que estuviese soñando durante todo ese tiempo. No. Digo que en el sueño transcurrieron mil jueves comprimidos en ese ratito en el que nos quedamos dormimos abrazados, que no fue tanto, que casi no fue nada, un momento, un islote o apenas un peñasco sobresaliendo en medio de las ruidosas olas de este océano nuestro de malas caras. Nos quedamos traspuestos después de comer, con el sol del mediodía calentándonos el rostro. Primero tú y luego yo, que me abracé a ti sin pedirte permiso, sabiendo que igual hasta te molestaba, pero envalentonado por el urgente desparpajo que tenemos los náufragos.
Y la verdad es que recuerdo que esos mil jueves del sueño nos quisimos mucho, pero mucho, mucho; mucho más de lo que nos queremos cualquier día de un tiempo a esta parte, o de lo que nos vamos a querer hoy, que también es jueves.

jueves, 25 de junio de 2015

Nostalgia

Todos los días tendrían que ser el día en que nos conocimos. Todos los días deberían empezar cuando lo hizo aquel, al atardecer, con un tren que llega y del que desciende una joven con el sol prendido en el pelo, como abrojo primaveral o guirnalda de verbena. Todos los días una muchacha parecida a ti, de tu pronta edad, con similar verde en los ojos y la misma timidez al caminar, debería salir de la estación y, atorada por las prisas, cometer el terrible error de preguntarle a un desconocido la hora, de aceptar con agrado su sonrisa farisea y de consentir, tras cuatro razones bien traídas, que fuera él quien la acercase hasta su casa; pues siendo tan tarde, el bus, los taxis, ya se sabe.
Todos los días deberíamos pasear en coche hasta las afueras, esperando que el anochecer y que aquel impúdico silencio vuelvan a exaltar tu desazón hasta convertirla de nuevo en miedo. Todos los días un cuerpo menudo y virginal como era el tuyo, de piel nívea salpicada de alguna peca graciosa como islote a la deriva, tendría que temblar bajo mis dedos y licuarse con mi lengua. Todos los días, Belén, cariño mío, deberían terminar con el chasquido de tu cuello entre mis manos, mientras tus pupilas se dilatan absurdas tratando de captar, indeleble en la retina, el hermoso instante de nuestro definitivo amor.

jueves, 21 de mayo de 2015

La frustración

Cuando por aquello de lo cortés alguien me preguntaba qué es lo que quería ser de mayor, mi padre se adelantaba y respondía ufano, marcada la sonrisa bajo el bigote y estrechándome con fuerza la mano para insuflarme convicción en su sentencia, que yo iba a ser el mejor pendolista del mundo...  

jueves, 23 de abril de 2015

Bellas artes

La vida es una cuestión de líneas puestas sobre un lienzo. Todo es cosa de medidas y cánones. Todo, digo. Desde el significado de un gesto, al tiempo mal o bien aprovechado. Desde aquel primer beso a ese último disparo...

jueves, 26 de marzo de 2015

Al asomarme (Final)

Doce espectaculares minutos más tarde termina el experimento. El chelo emite un último sollozo, largo y contenido. Tras él, un emocionado silencio que se mantiene firme hasta que desde alguna de las ventanas se comienza a quebrar el éxtasis con unos tímidos aplausos. El barrio despierta entonces e irrumpe en una sonora ovación. Los artistas salen al centro de la plaza y saludan. Incluso los padres de uno y la esposa del otro manifiestan sincera emoción y derraman felices lágrimas. Los bravos y los olés no cesan. La gente se abraza. Sara y Rafa se besan queriéndose querer y Germán, desde la puerta de su taberna anuncia, con alejandrinos en la boca, una ronda a cuenta de la casa.
Oculto en la penumbra de mi habitación, creo ver como Marta dirige una última mirada hacia mi ventana. Sonrío.


FIN

jueves, 19 de marzo de 2015

Al asomarme (5)

La noche y el frío apresuran la impaciencia. Hay murmullos de inquietud, conversaciones a punto de zanjarse y ojos como platos. Tras el gesto convenido, las manos de Adela rasgan con suavidad el velo nocturno. A Pedro la música le evoca instantes sólo soñados. Piensa en Puccini y en esos mapas que cree que dibujó el compositor. Como hace siempre que está nervioso, y la participación de su hija en el espectáculo así lo justifica, Dioni cruza los dedos y recita a modo de conjuro unos versos de Longfelow. Siempre son los mismos.

Cobra el ánimo perdido, 
Vuelve esforzado a la lucha.
Gloria al hombre que combate
Siempre, y no desmaya nunca

Todo adquiere de repente un tono de grave calma.  Con una precisa coordinación, las máquinas se ponen en armonioso funcionamiento. Alentadas por la brisa, las virutas copulan con las chispas y ambas retozan entre la celestina textura de la pintura, mezclándose en una comunión incandescente que nos tiene a todos entre atónitos y maravillados. Cómplice de estos movimientos orgiásticos, el viento aumenta o disminuye su fuerza formando con el conjunto un efectista torbellino de color y de luz, que anega la plaza y tinta de histórica la noche. He aquí, en suspenso sobre nuestras cabezas, el inicio de la vida, la marabunta de las esencias, la nebulosa que dio origen al barrio. Pienso emocionado.
(Continuará)

jueves, 12 de marzo de 2015

Al asomarme (4)

En la esquina que forman los dos lados más largos del triángulo isósceles que es mi plaza, en una y otra acera y enfrente la una del otro, hay una carpintería y un taller mecánico. El carpintero se llama Luís y el mecánico, también se llama Luís. Comparten públicamente la misma pasión. Ambos, más o menos a la vez, descubrieron que su verdadera vocación era la astronomía y, desde entonces, a pesar de los tímidos remilgos de los padres del primero y la esposa del segundo, que lo consideran una pérdida de tiempo, se reúnen una vez por semana para representar plásticamente cuerpos celestes y constelaciones. Luís, el carpintero, tiene un ingenio que fabrica virutas con el tamaño y la forma que sobre la marcha él decida conferirles. Luís, el mecánico, entre ruedas, compresores y tornos, tiene un extraño artefacto que suelta las chispas más luminosas y con los colores más dispares que uno pueda imaginarse. 
Son las diez de la noche. Ante un público expectante, los dos luíses han sacado sus curiosos mecanismos a las puertas de sus negocios. Entre medias, justo en el punto medio de la línea que los separa, se ha colocado Jesús el pintor, quien hoy colabora con su máquina de echar gota. Adela, la hija mayor de Dioni, que es pecosa y tímida y está a puntito de terminar la carrera de música, les acompañará con su chelo desde la distancia prudencial del balcón de su domicilio. El experimento de hoy se llama: Tannhäuser
(Continuará)

jueves, 5 de marzo de 2015

Al asomarme (3)

Pedro divierte a todo el mundo menos a Conchita su mujer, a la que de un tiempo a esta parte tiene frita con la temeraria tesis -está empecinado en ella- de que la verdadera pasión de Puccini era la cartografía. A Pedro las palabras se le escapan de la boca, como a un collar roto sus cuentas. Es infatigable. Los días ventosos como hoy, esas palabras suyas vuelan caprichosas por el barrio y algunas de ellas se filtran al azar por las rendijas de las puertas y las ventanas de las casas. Hace un rato, por ejemplo, en la mía se ha colado la palabra allegro. He intentado agarrarla pero era muy escurridiza. Un instante después he visto cómo en el dormitorio de Marta, que queda más o menos enfrente del mío al otro lado de la plaza, flirteaba furtiva con su almohada la palabra tómbolo. Es una tontería, lo sé, pero me han entrado celos. Luego he visto cómo otra palabra más, que desde aquí no adivino, se quedaba pegada a la ventana del comedor de casa de Dioni y cómo dos de sus cinco hijos y Whitman, el perro lanudo que los guarda a todos, jugaban divertidos a lamerla a través del frío cristal. 
Pedro está algo delicado de salud. Ya no trabaja de albañil. Ahora se dedica a ser erudito y a llevarnos a todos la contraria. Todo el mundo sabe que un día no muy lejano se nos va a morir. Él también lo sabe, claro.
(Continuará)

jueves, 26 de febrero de 2015

Al asomarme (2)

Media tarde y la calle huele a azaleas. Será el viento. Desde alguna de las ventanas abiertas se desparraman las sugerentes notas de un chelo. Dioni sale de la taberna negando con la cabeza. Viste mono azul de faena y uñas negras. Se dirige hacia el portal de su casa con el talante descompensado. Las manos inquietas -ora sí, ora no- en los bolsillos. Apenas da cuatro o cinco pasos, y se detiene reflexivo para negar de nuevo y reanudar un segundo más tarde su inconstante marcha. Dioni es un tipo cordial pero un poco tozudo.  
Hoy la taberna de Germán esta llena hasta los topes. Entre quinto y quinto de cerveza, la concurrencia se enzarza en una apasionante discusión que gira en torno al controvertido tema de la supuesta influencia en la literatura universal contemporánea, de autores americanos de la talla de Faulkner o Dos Passos. Dioni no se pronuncia. No se atreve. Y al final se va pesaroso y con ganas de haber dado su opinión que, por cierto, divergía sustancialmente de la que con tanta vehemencia han sostenido Paco el electricista y aquel forastero atildado, que nadie sabe de dónde ha salido. 
Dioni llega ahora al portal y se detiene un instante avergonzado de su pobre empuje. Abre la puerta y se recoge.
(Continuará)

jueves, 19 de febrero de 2015

Al asomarme (1)

Marta anda con pasos cortos y prestos, de su mano, casi a rastras, viene colgado Tito. El crío tiene las mejillas en carne viva, cortadas a contrapelo por el rigor de este invierno seco y antipático. Por culpa de los guantes de lana que le ha calzado al chaval y los de piel que lleva puestos ella, el niño se le va escurriendo según avanza.
Los ojos azules de Marta se han encendido más o menos cuando lo han hecho las farolas de la plaza. A esa misma hora, Sara y Rafa cargan con una botella de butano. A ella le cuesta horrores seguirle el paso a su chico. No hace mucho que se casaron, se adoran, pero el noviazgo fue demasiado largo y a veces tienen la fugaz impresión de que entre ellos ya está todo dicho. Sara es hermosa. Rubia, de ojos negros y pechos enormes. En conjunto le falla un poco la voz, que la tiene un tanto amachorrada, pero esa peculiaridad la hace incluso un poco más deseable. O eso al menos piensa Pedro, a quien sepultado bajo un espeso gorro de lana y una bufanda infinita, se le oye ahora vocearles un buenas tardes desde la esquina. Pedro es pequeñajo y por eso grita mucho. Es también la mar de gracioso y cuenta unas historias divertidísimas que nunca son ciertas. 
(Continuará)

jueves, 15 de enero de 2015

Su última noche

«La sangre siempre es más roja sobre la nieve». Como Inge era mejor puta que poeta -actividad esta por la que no le conocía mérito alguno-, Marcos supo al instante que la insólita frase que le acababa de soltar no era de su cosecha. Aunque sabía que... 

jueves, 18 de diciembre de 2014

Por estas fechas


Fue una vecina la que dio el aviso. Al llamar a la policía dijo que el gato de los del tercero, de pelo atigrado y carita de pena, llevaba maullando sin cesar desde hacía dos días. Y que eso le había mosqueado bastante, por lo inusual.
Al llegar se encontraron las persianas bajadas, penumbra espesa y ese olor dulzón que según las novelas del género siempre anuncia la muerte. Un piso de dos habitaciones, salón, cocina y un baño. En ambos dormitorios, el de matrimonio y el que evidenciaba ser el del crío, con un papel azul hasta media pared y una cenefa con dibujos de nubes, los cajones estaban abiertos y vacíos. Durante todo el recorrido que los agentes hicieron por la vivienda, un gato les persiguió algo inquieto, maullando y colándoseles por entre las piernas. El tintineo del cascabel, junto con su desesperante quejido, rompía burlonamente el silencio clínico de aquella inspección ocular.
En el salón se encontraron el televisor encendido, con niebla en la pantalla. Junto al reproductor del dvd uno de los agentes encontró la carátula abierta de una película de Frank Capra, y entre los dedos rígidos del hombre que yacía desangrado vena abajo en el sofá, una carta de despedida firmada por una tal Anabel, que terminaba con estas dos frases: "Y ahí te quedas con tu puto gato, mamón. Feliz Navidad.".
Lo primero que ordenó el sargento fue que le pusieran agua al minino, a ver si conseguían callarlo de una vez por todas.


Relato publicado en "La suave piel de la anaconda" (Talentura, 2012).

jueves, 27 de noviembre de 2014

Delirium

Imagínate que fruto de lo mal que lo estás pasando desde hace ya varios meses, tanto por lo del trabajo como por lo del tema de María Jesús, básicamente, al despertar después de una noche de mal dormir, entras en el baño y deteniéndote frente al espejo del lavabo te dices -con voz de conversar- que quieres suicidarte. Concretamente te dices, «esto no lo soporto más. Quiero morirme.» O algo así. La depresión es lo que tiene,... 

*Mañana día 28, #glóbulosversos estará en Valladolid.

jueves, 16 de octubre de 2014

La otra


Aquel cuello no olía a la piel de Ana, pero casi. Este olor era algo más salvaje, más fresco y selvático, algo más natural que ese olor fatigado que acompaña a Ana incluso cuando duerme. Lo olió desde atrás, desde la nuca, apartándole el cabello y aspirando como si fuera su última bocanada.
Con suavidad la cogió... 

Relato incluido en "Glóbulos versos".
El próximo viernes 24 presentamos en Granada

jueves, 11 de septiembre de 2014

Juicio al arte

Cuando se quedaba dormida se le dibujaba una mueca estúpida. La boca se le caía por las comisuras, provocándole una cara de espanto que...  

Y el viernes 19, presentación de #glóbulosversos en Zaragoza.