jueves, 4 de octubre de 2018

De madrugada


Fue un error. Porque si de verdad hubiera querido visitarla, hubiese también aprovechado para acariciar a un canguro, que es un animal cuyo tacto me inquieta porque nunca me acuerdo de si tiene pelo, como una llama, o piel, como los cerdos. Pero ya digo que fue algo involuntario, así que al instante puse la radio para despejarme y escuché un programa en el que se hablaba de Schubert y en el que se decían de él cosas tan hermosas, que me surgió la necesidad de buscar más información sobre el genio austriaco, autor de la frágil Serenade y de esas escuetas delicias que son los lieder. Y así transcurrió la noche a partir de ese momento. Plácida. Entre sus suaves acordes y la Wikipedia. Porque luego me dormí de nuevo y ya no volví a soñar con ella, que desde que rompimos y se fue, hace ya unos cuantos años, vive en un lugar recóndito de mi memoria, tan lejano o más que Australia.

3 comentarios:

Alís dijo...


Los sueños traicionan la razón, y probablemente conozcan mejor nuestros deseos que nosotros mismos.

Los canguros tienen pelo ¿no?

Un beso

Anónimo dijo...

Solo puedo decir que me ha encantado.
Besos.

María

Santi S. dijo...

Hay algunos recuerdos, los muy puñeteros, que solo nos asaltan de noche, cuando más expuestos y frágiles somos.
A mí también me ha encantado esta "escueta delicia".