jueves, 25 de enero de 2018

De lo fugaz

Un segundo. Un instante es suficiente para que la vida de un giro inesperado. Algo así, algo tan socorrido como esto, ha debido de pensar Suárez en el momento mismo en el que esta mañana ha percibido que se le precipitaban los acontecimientos. Porque eso a veces se percibe.
Al escaparse hoy un par de horas del trabajo, como solía hacer cada primera semana de mes, para disfrutar de esa necesaria debilidad que convertía su anodina existencia en algo más o menos soportable, se ha visto envuelto en una riña familiar y ha acabado, sin comerlo ni beberlo, tirado por el suelo y desangrándose como un marrano. Ni Suárez era un tipo deleznable, ni tampoco hoy es un día especialmente señalado para la tragedia por la extraña conjunción de ningún astro.
Pero el caso es que la habitación, parca y mísera, ha quedado hecha un sin dios. Puro desorden. La bella Helena; vestida con un vinilo, negro brillante; yace sobre la cama con los ojos abiertos, y todavía boquea el estertor de los últimos instantes de una vida que poco se parece a la que en algún momento pudo soñar que tendría. Suárez ha caído de rodillas, amordazado, con las manos atadas a la espalda y con el consolador introducido en su culo. En una de las sillas, justo en la que Helena disponía el cilicio y un par de dildos más, se ve su maletín y su ropa colgada. Todo salpicado de sangre. 
Pasan unos minutos del mediodía. Junto a la puerta, todavía nervioso y palpitante, Constantin, marido y chulo de la chica, sujeta sudoroso un pequeño revolver del treinta y ocho. El pobre parece arrepentido.

Agosto 09

4 comentarios:

lopillas dijo...

Pero qué bueno eres. Todavía me sorprenden tus relatos.

Anónimo dijo...

Un ejemplo típico de tus historias literarias: muy duras pero escritas con toda dulzura.
Una delicia.

María

Iris Quemasda dijo...

Genial, como siempre...

Besos

Elena Casero dijo...

qué bueno. me ha gustado muchísimo. Da gusto leerte