jueves, 12 de julio de 2018

Calor sin ti


Aquel día que bajé a la playa -sería media tarde- el sol apretaba tanto que, para poder soportarlo, me obligué a pensar en Groenlandia.  
Como a quince metros de distancia de mi sudor, una chica se incorporó hasta ponerse de rodillas sobre la toalla. Veinte años. Vientre liso. Pecho discreto y firme. Desde ese equilibrio se atusó el cabello y se humedeció los labios con la lengua. Su melena era del color de su biquini. O viceversa. No recuerdo bien. Ante aquellos bellos versos, a la izquierda de mi otear, cuatro jóvenes detuvieron al instante sus bárbaros juegos. Miraron a la joven y les oí mascullar obscenidades y risas. En ese momento pasó un avión sin dejar apenas marcada su estela -con lo que me gustan las estelas de los aviones como metáfora nostálgica- y, junto a la orilla, unos niños estallaron de alegría cuando su madre les echó agua con un cubo de plástico. 
Miré a la chica, miré a los bárbaros, miré el avión sin estela, miré la inocencia del agua...
Continuaba haciendo tanto calor cuando cerré los ojos para mejor recordarte, que tuve que hacerlo imaginándome tu piel como el cristal de un botellín de cerveza fría, fría, fría... Congelada.



3 comentarios:

Anónimo dijo...

La Lolita de tu banner podría ser la chica que ve el personaje de tu historia. :)

María

Santi S. dijo...

No sé si es un micro o una reflexión, pero ahí hay literatura. Me ha encantado.

Voz en off dijo...

Un pequeño amor de verano?😍