jueves, 23 de mayo de 2019

Mañanas de domingo


Un policía avejentado, lleno de dudas y con mal de amores, está al acecho. Un crimen atroz e inesperado cometido bajo una lluvia torrencial. Clima y climax, una vez más de la mano... lo de siempre.
Aquí no llueve. Solea sin avalanchas y el día es limpio y esponjoso como en un anuncio de detergente. Ella continúa durmiendo. Yo me terminé el café hace ya un par de capítulos. En un momento dado, cansado de virajes sorprendentes, levanto la vista del libro para tratar de percibir el estado de las cosas y noto cómo me envuelve un silencio casi absoluto, ni un solo ruido que ayude a despistarme; ni pájaros ni brisa, ni tráfico a lo lejos, ni indicio vecinal. Nada salvo el repentino y meloso sonido de la lengua de Zac, que tras un escorzo circense ha comenzado a revolcarse en el frío gres y a lamerse su pelaje. La miro durante unos segundos y me da por pensar que los gatos se parecen bastante a los domingos en que no hay quien los entienda.


3 comentarios:

Alís dijo...


Ya echaba de menos tus relatos.

Me gusta mucho la belleza con que relatas un momento cotidiano, tus descripciones que me sumergen en la atmósfera del instante.

Es siempre un placer leerte

Besos

Anónimo dijo...

Ya, ya sabemos tus seguidores de facebook que odias los domingos, jejejje

Maria

RECOMENZAR dijo...

me gusta como escribes simple y bello