viernes, 7 de julio de 2017

Yo, sin ti, en la playa

El sol aprieta tanto que, para poder soportarlo, me obligo a soñar con Groenlandia.
Abro los ojos.
Como a quince metros de distancia de mi sudor, una chica se incorpora hasta ponerse de rodillas en su toalla. No tendrá más de veinte años. Vientre liso. Pecho discreto y firme. Desde ese equilibrio, se atusa el cabello y se humedece los labios con la lengua, en un inocente gesto no exento de accidental erotismo. Su melena es del color de su biquini. O viceversa. De soslayo, observo como la miran también los cuatro chicos que quedan a mi izquierda y que, hasta que ella se ha levantado, subrayaban su masculinidad dándole patadas a una pelota. Ahora mascullan barbaridades entre ellos. En ese momento pasa un avión sin dejar apenas marcada su estela, con lo que me gustan a mí las estelas de los aviones como metáfora nostálgica y, en la orilla, unos niños estallan de alegría porque su madre les echa agua de un cubo de plástico. 
Vuelvo a cerrar los ojos. 
Hace tanto calor que, cuando te recuerdo, lo hago imaginándome tu piel como el cristal de un botellín de cerveza fría, fría, fría... Congelada.


4 comentarios:

Juan Herrezuelo dijo...

El calor invita a las ensoñaciones y pone a prueba el valor de autosugestión: Horacio Oliveira se imaginaba en Rayuela atravesando las estepas cubiertas de nieve mientras el sudor le corría por la cara y se entretenía en enderezar clavos en su sofocante piso bonaerense. Se cierran los ojos al sol y al mismo tiempo se abren a regiones más beatíficas, o se cierran allá y se abren de nuevo a un despertar que lleva aparejado el descubrimiento de que el dinosaurio del deseo sigue aquí, envuelto en el rumor de las olas.

Anónimo dijo...

Mucho tiempo sin leerte... Lega el calor, llegan los baños, y espero que también regresen tus magníficos cuentos. Me ha encantado.
Besos!!


María

Vicente Corrotea dijo...

Casi siempre desarmonizamos con la casa en que vivimos, o con el lugar en que trabajamos, o donde estamos descansando. Es normal como esperar leerte cuando aparece una entrada tuya.
Saludos.

Santi S. dijo...

Somos muy dependientes, eso es lo que me parece a mí, que como seres humanos nos cuesta mucho vivir solos.
Bellísimo texto, Raúl.