jueves, 12 de marzo de 2015

Al asomarme (4)

En la esquina que forman los dos lados más largos del triángulo isósceles que es mi plaza, en una y otra acera y enfrente la una del otro, hay una carpintería y un taller mecánico. El carpintero se llama Luís y el mecánico, también se llama Luís. Comparten públicamente la misma pasión. Ambos, más o menos a la vez, descubrieron que su verdadera vocación era la astronomía y, desde entonces, a pesar de los tímidos remilgos de los padres del primero y la esposa del segundo, que lo consideran una pérdida de tiempo, se reúnen una vez por semana para representar plásticamente cuerpos celestes y constelaciones. Luís, el carpintero, tiene un ingenio que fabrica virutas con el tamaño y la forma que sobre la marcha él decida conferirles. Luís, el mecánico, entre ruedas, compresores y tornos, tiene un extraño artefacto que suelta las chispas más luminosas y con los colores más dispares que uno pueda imaginarse. 
Son las diez de la noche. Ante un público expectante, los dos luíses han sacado sus curiosos mecanismos a las puertas de sus negocios. Entre medias, justo en el punto medio de la línea que los separa, se ha colocado Jesús el pintor, quien hoy colabora con su máquina de echar gota. Adela, la hija mayor de Dioni, que es pecosa y tímida y está a puntito de terminar la carrera de música, les acompañará con su chelo desde la distancia prudencial del balcón de su domicilio. El experimento de hoy se llama: Tannhäuser
(Continuará)

8 comentarios:

Anónimo dijo...

Esto se pone de lo más interesante. Pero mucho, mucho....
Buenos días.


María

Francisco Machuca dijo...

Hoy se critica mucho, por parte de los intelectuales, el superventas. A mí me gustan algunos superventas que no voy a mencionar aquí para joder a los que les gusta joder el gusto de los demás. Me explico. Dickens era un superventas y nadie estaría dispuesto a decir hoy que era un gilipollas inculto. Escribía sus historias folletinescas a través de los periódicos más leídos de su tiempo. En los pueblos y provincias portuarios los voraces lectores esperaban el barco que traería el siguiente capítulo de la historia que tocaba. En una de las veces, cuando el barco perfilaba el horizonte, la muchedumbre se puso muy nerviosa y un lector cayó al agua y murió ahogado. Esto me lleva a uno de los conciertos de los Rolling Stone, por allá los setenta, que hubo una avalancha y un tipo murió aplastado. En fin, que me parece que aquí, en tu espacio, hay lectores que les suceden lo mismo. Y yo te pregunto: ¿Hay algo mejor que le pueda pasar a un escritor?

No me respondas, amigo. Sé lo que opinas.

Un fuerte abrazo.

Patricia Richmond dijo...

Cada semana más impresionante, de verdad.

Santi S. dijo...

Estoy de acuerdo con el comentario de Francisco Machuca. Se ha perdido el concepto de folletín. Vivimos en un mundo de putas prisas en el que pedimos ¡¡exigimos!! resultados (a ser posible satisfactorios) inminentes. No hay paciencia para el disfrute de lo lento, de lo troceado, de lo que pide calma a cambio de crear hermosas expectativas.
Me está gustando mucho tu relato por capítulos.
Felices fiestas de la Magdalena.

Santi.

Anónimo dijo...

Me da a mi (aunque igual me equivoco esta vez) que conociendo lo que escribes la cosa no puede quedar tan armoniosa y que en un momento dado, en ese idílico barrio, va a pasar una desgracia. Jajajaja.
Abrazos.

JC

roberto montelana dijo...


Será un gran rompecabezas, pero cada pieza que cae, hace un gran panorama.

"Eso sucede hasta en la familia.."
Como decía la famosa serie de TV.

Mis saludos!

Anónimo dijo...

Ensimismamiento para acercarnos a lo Divino a través del Arte.
Mirar el cielo, maravillarse y plasmar en objetos tangibles, concretos....En este mundo de conceptos...Lo que vislumbra el alma.
Primavera, Música, Arte de estar y ser...
De verdad veo... TÚ ALMA FLORECER!
Excelente!
De verdad ....Se siente el barrio.

Setefilla Almenara J. dijo...

Tiene razón Santi en lo que apunta en su comentario. Al margen de esto, me gustan esas geometrías que nos haces dibujar en la mente. Y hay que ver cómo detrás de lo mundano, el ejercicio del mecánico, por ejemplo, se encuentra la fascinación y la sorpresa.
Me gusta.
Saludos, Raúl.