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jueves, 9 de diciembre de 2010

Un minuto de sol

Mauricio se perdió por unos gemidos inesperados, unas sábanas que ya no olían a él y por el abrupto sonido de un disparo.
Y ahora no lleva maleta, siquiera un hatillo. Viste un abrigo raído y un pasado molesto y, con esas pocas prendas y las manos en los bolsillos, trata de esquivar su tormento adentrándose por calles que no le conocen y entre gentes que le miran poco o mal. No por asesino, sino por extranjero.
En la fonda en la que para, pintan el menú del día sobre el cristal de la puerta con letras en redondilla. Hoy hay sopa de menudillos y de segundo mongetes. La habitan trabajadores sin trabajo, puteros con más ganas que dinero para el vicio y un charlatán de los que acampan en las Ramblas vendiendo cuchillas de afeitar de esas que en lugar de rasurar laceran las mejillas. También es lugar de paso de algunos de los carteristas y descuideros que asaltan, cerca de Colón, el embobamiento de los turistas.
El sitio, donde no se come mal pero se bebe demasiado, está en una calle estrecha y umbría, donde apenas entra un minuto de sol al día para calentar los pocos sueños que se permiten los que allí viven. Sueños humildes, ramplones, baratos.
Lo más hermoso de esa calle son los rizos de Pilar, la sobrina del dueño de la fonda. Mauricio, que sólo se entiende con ella por señas, la observa con embeleso cuando se aposta en la acera de enfrente, con las palmas de las manos pegadas a la pared, para gozar de su ración diaria de sol. Por mucha pena que arrastre, es ver la sonrisa de Pilar bañada en la luz del mediodía, y a Mauricio se le disipan todos sus malos recuerdos.
La calle sin sol.- 1948.- Rafael Gil
Y mañana día 10, ELEFANTIASIS en Murcia.

jueves, 4 de noviembre de 2010

Lina y sus miedos

Pasa las tardes leyendo frente a la ventana del salón, sentada en un sillón de piel antiquísimo, bajo el denso espesor de un apellido ilustre. De vez en cuando alza la frente y entorna los ojos. Entonces ese tibio sol de la campiña otoñal que la vio nacer, le templa las mejillas, le dora aún más su hermoso cabello, y hace que de su sencilla resignación brote una ligera sonrisa.
A Lina no le gustan nada las fiestas, provincianas e hipócritas, a las que tan acostumbrada está la gente de su condición. De padre militar y madre simplemente rica, ella siempre se ha movido incómoda en ese escenario amniótico en el que se mueven los hijos únicos de familias bien. Ella prefiere lo paseos por el campo, leer a los clásicos y la sencillez del regular paso del tiempo.
También tiene sueños, claro, pero ya no demasiados. Antes si que solía ser recurrente el que soñara, por ejemplo, con que encontraba un marido que la quería. En su fantasía, éste resultaba simpático y apuesto. Un verdadero galán enamorado de esos méritos suyos de mujer de su tiempo, dispuesta y entregada, y no de la tentadora idea de acabar percibiendo la dote del viejo comandante. En esos olvidados sueños, ella se imaginaba rendida a los encantos de su amado y confortada por un amor que sin duda iba a resultar eterno. Pero han pasado los años y algún que otro pretendiente y, como hasta su soñar se mece ahora por un aburrido diapasón, a Lina le duele horrores saber que sus padres ya han asumido que, salvo mayúscula sorpresa, su niña se quedará soltera.
Suspicion.- 1941.- Alfred Hitchcock

jueves, 7 de octubre de 2010

El cuerpo del delito

La niña, porque no es más que una niña de curvas atrevidas, ya es sin embargo mujer de vodkas a las cinco de la tarde, de roces con hombres con galones y de necesidades perentorias. También es un pelín inconsciente, bastante rubia y por momentos simpática. Es de esas mujeres que se muerden el labio inferior cuando quieren que las quieras, y también de las que se hacen acompañar a todas partes por un pequinés, de ésos que se dejan vestir y hacer trenzas en el pelo sin ladrar.
Laura es tan joven y dispuesta, que le sientan bien hasta los moratones que le salen por los golpes que le pega el celoso soldadito con el que se casó, hace ya varios meses y demasiadas discusiones. Ambos no se quieren, eso está claro, pero no cabe duda alguna de que están hechos el uno para el otro. Mientras él mataría por defender su apetecible posesión, Laura, que no llegaría al luto si a él le condenaran, sí que echaría de menos sin embargo, esa mirada autoritaria y rendida que él le dispensa cada vez que sus caderas se insinúan a otro hombre o sus pestañas abanican otros sudores.
La otra noche hubo un tiroteo en el Lumberjack y Barney, el dueño, ya no pondrá más martinis. Los testigos apuntan a que Laura celebró cada bola extra conseguida en el pinball, bailando descalza frente a Barney las serpenteantes notas que emitía la jukbox. Sonaba Duke Ellington. Claro.
Anatomy of a murder.- 1959.- Otto Preminger

jueves, 9 de septiembre de 2010

El jardín de cactus

A pesar del dolor que comenzó a revivir en el mismo instante en que conoció la noticia, la mujer, de un luto indisimulable, reprime sus lágrimas sentada en la calurosa penumbra de este velatorio improvisado. En este silencio tan insano para no perderse en el recuerdo, le acompañan su esposo, que ha venido a despedir a aquél que fue más que un amigo, y el basto féretro de madera de pino en donde descansa el hombre que nunca llegó a ser su hombre.
Antes, por la mañana, al poco de bajarse del tren que la devolvió a su pasado, ha estado visitando las ruinas de aquella casa que el difunto no llegó a terminar. Allí todo es desolación. Junto al jardín de cactus que él plantó para ella, ahora descuidado por el dolor y la desidia, no sólo ha vuelto a respirar el halo florido que entonces lo impregnaba todo, aquel aroma salvaje que lograba convertir un entorno tan hostil en algo en cualquier caso bello sino que, por un momento, ha creído ver reflejada entre los escombros del ayer la sombra de su ruda prestancia sonriéndole con descaro. Si él me lo hubiese pedido, ha murmurado entre sollozos.
El tren de regreso ha partido a eso de las siete, cuando el sol todavía no había descendido ni el calor había menguado. De nuevo sentada junto a su marido, algo desmadejada y ajena a su presente, pierde la mirada en un punto equidistante entre la pradera y la nostalgia. Has sido tú quien ha dejado esas flores sobre el ataúd. Verdad. Le pregunta su esposo con esa voz quebrada de quien se teme la respuesta. Y ella, ahora sí, arrecia en su llanto.
The man who shot Liberty Valance.- 1962.- John Ford

jueves, 8 de julio de 2010

Al piso 27, por favor

Ha amanecido con una congestión nasal de caballo. Estornuda, moquea y no paran de llorarle los ojos. Las noches de noviembre en Brooklin,...
The apartment.- 1960.- Billy Wilder

jueves, 10 de junio de 2010

Adiós, Michel

El coche recorre la carretera secundaria a una velocidad trepidante, alegre, desmedida. Es un peugeot blanco descapotable, robado...
A bout de souffle.- 1960.- Jean-Luc Godard
Los lectores americanos ya pueden solicitar su ejemplar de Elefantiasis en la editorial.

jueves, 13 de mayo de 2010

En esta playa tranquila

No es una brisa molesta la que sopla en la bahía. Ni aún en invierno. Es aburrida y ociosa, sí, pero...

El viernes 14, Elefantiasis se presenta en Benicàssim. El 21, en Zaragoza.

The reckless moment.- 1949.- Max Ophuls

jueves, 8 de abril de 2010

Dos buenos amigos

Hasta el día en que se topó con los dos metros nueve centímetros de Harvey, Elwood andaba un tanto errático y apagado. Se mostraba gris, ocioso y...
Harvey.- 1950.- Henry Koster

jueves, 18 de marzo de 2010

Un hermoso pez

La celda huele a rancia humanidad y suena a soledad eterna e imposible. La soledad de esta celda, que es la suma de las soledades de cada uno de los presos que comparten vacío y complicidades,..

Ahora sí. Bienvenidos a Elefantiasis.

Le trou.- 1960.- Jacques Becker

jueves, 25 de febrero de 2010

Quizá esta noche

A un dolar el kilo de ternera, a medio el de pollo, y a precio de saldo el amor del carnicero.
Últimamente no hay nadie que se dirija a él y no le pregunte a qué espera para casarse. Clientas, familiares y...
Y proximamente, Elefantiasis.
Marty.- 1955.- Delbert Mann

jueves, 11 de febrero de 2010

Tiemblo

Acabo de ver dos gatos asustados salir en franca estampida, y a un niño rubio y pecoso asomarse curioso tras el visillo de una ventana. Ha sido sólo un segundo,...
Y próximamente, ELEFANTIASIS.
High Noon.- 1952.- Fred Zinnemann

jueves, 28 de enero de 2010

Mis amigos y yo

Nos pasamos la vida jugando. Jugamos con todo, y lo hacemos a todas horas. Como niños caprichosos y malcriados.
Jugamos con el tiempo y...
Y próximamente, ELEFANTIASIS.
Excepcional el comentario nº 9o, dejado por Francisco Machuca.
I vitelloni.- 1953.- Federico Fellini

jueves, 14 de enero de 2010

Un último trago

La luna no encontró un lugar mejor para reflejarse, que el cristal de la pequeña botella que él llevaba en la mano. Mientras, asomados a la barandilla de aquel muelle que...

Days of wine and roses.- 1962.- Blake Edwards

jueves, 10 de diciembre de 2009

Miedo a su sonrisa

Silban las bombas, y ni el abrazo de su madre disimula su parálisis. Le ocurre lo mismo cuando se encuentra frente a la sonrisa nacarada de Louise, es verla y se queda tonto,...
This land is mine.- 1943.- Jean Renoir

jueves, 26 de noviembre de 2009

La casa que hace esquina

Nada hay más lejos de un mundo hermoso que lo que se vive en esta casa, donde el grito sofocante del calor húmedo enmudece cualquier atisbo de ternura...

A streetcar named desire.- 1951.- Elia Kazan

jueves, 12 de noviembre de 2009

La cárcel de sus sueños

El Bronx no es el barrio más adecuado para albergar sueños presuntuosos. Alcanza, como mucho, a...
Scarlet Street.- 1945.- Fritz Lang

jueves, 29 de octubre de 2009

El eslabón invisible

El sol caribeño anda totalmente desconcertado. Otras veces celestino, ahora, sin embargo, no entiende por...
Notorious.- 1946.- Alfred Hitchcock

jueves, 15 de octubre de 2009

La costumbre de perder

A Dix le pasa lo que les pasa a todos los campesinos con vocación de serlo, que cuando ven frustrados...
The asfalt jungle.- 1950.- John Huston

jueves, 1 de octubre de 2009

Veneno en la sangre

Resulta que soy adoptado. Esta noticia ha hecho que hace un rato estallara en una carcajada explosiva y liberadora,...
Arsenic and old lace.- 1944.- Frank Capra

jueves, 17 de septiembre de 2009

Oscuro, casi negro

Ayer soñé con las caras tiznadas de mi infancia.
A lomos de aquel espeso humo que entonces lo cubría todo, a través de...
How green was my valley.- 1941.- John Ford