jueves, 18 de mayo de 2017

Domingos ariscos

De pequeña era blanca como la nieve, como el merengue, la ausencia o la paz. Era blanca como las sábanas de los anuncios de detergentes o los dientes nacarados de las modelos. Pero antes de cumplir su primer año -las fotos que le he ido haciendo lo atestiguan- mudó el pelaje y, desde la cola a la testuz, todo su lomo o lo que vendría siendo toda su cornisa, se le volvió parda, o más bien tostada, de un cálido color capuccino que se derrama perdiendo intensidad por sus flancos. Las cañas de sus patas traseras también se le tornaron brunas, pero no así sus pies, propiamente dichos, que siempre han sido albos los cuatro. Hoy sus ojos, que son bellos y azules, como los de Marilyn, sobresalen entre un atractivo antifaz de tono carmelita, que le confiere un moderno toque de heroína de cómic. 
Zac, mi gata, ha cambiado con el tiempo. Mis domingos, no.


3 comentarios:

Juan Herrezuelo dijo...

Vivo en estado de carencia de gato, porque es compañía que me pide mi carácter y me la impiden las circunstancias. No es extraño que entienda lo que escribís sobre los vuestros: me pongo en la piel de quien puede verles mudar el color del pelo con el paso de los años, acariciarles el lomo de cornisa curvada, sentirles enroscarse des-pa-cio a mi pierna, del cuello al extremo del rabo, mirarles en toda su esplendorosa pereza gatuna. Los domingos, sin embargo, no tienen más que una vida, y es tan corta…

Vicente Corrotea dijo...

De verdad amo lo que es natural -hemos perdido tanto de ello- incluyendo gatos y perros. Mis perritas poodle también han modificado sus colores pero no tan rotundamente como tu minina. Pero somos felices con ellas y con Raco, nuestro guardián con el cual compartimos el mismo destino: hemos jubilado y seguimos trabajando. Por eso, cuando llego a medianoche, me recibe con ladridos y me obliga a jugar unos minutos.
Abrazos.

Anónimo dijo...

Una mascota te alegra mucho la vida. La tuya, que ya es famosa (sonrio) además es de lo más bonita.

María